Fatiga persistente, pérdida de masa muscular, disminución de la libido y cambios en el estado de ánimo: muchos hombres atribuyen estos síntomas al estrés o al envejecimiento, cuando en realidad pueden estar relacionados con niveles bajos de testosterona. Esta hormona, producida principalmente en los testículos, es mucho más que la responsable del deseo sexual: es un pilar de la vitalidad masculina.
¿Qué hace la testosterona en el organismo?
La testosterona actúa en prácticamente todos los sistemas del cuerpo masculino:
- Masa y fuerza muscular: estimula la síntesis de proteínas en el músculo, manteniendo la fuerza y la composición corporal
- Densidad ósea: protege contra la osteoporosis, una condición que también afecta a los hombres, especialmente tras los 60 años
- Libido y función eréctil: regula el deseo sexual y contribuye al mecanismo de la erección
- Estado de ánimo y cognición: niveles adecuados se asocian con menor riesgo de depresión, mayor concentración y mejor memoria
- Metabolismo energético: favorece la quema de grasa y la utilización de glucosa por los tejidos
- Producción de glóbulos rojos: estimula la eritropoyesis, lo que influye en la oxigenación y la resistencia física
Hipogonadismo o déficit de testosterona
A partir de los 30-40 años, los niveles de testosterona descienden de forma natural aproximadamente un 1 % al año. Sin embargo, cuando la caída es más pronunciada y se acompaña de síntomas, hablamos de hipogonadismo de inicio tardío o déficit de testosterona. Se estima que afecta entre el 2 % y el 6 % de los hombres mayores de 40 años, aunque está infradiagnosticado.
Síntomas que deben hacer sospechar
- Fatiga crónica o falta de energía sin causa aparente
- Disminución significativa del deseo sexual
- Disfunción eréctil, especialmente si no responde a tratamientos orales
- Pérdida de masa y fuerza muscular, a pesar de mantener actividad física
- Aumento de grasa corporal, sobre todo abdominal
- Cambios de humor, irritabilidad o síntomas depresivos
- Dificultad para concentrarse o pérdida de memoria
- Disminución del vello corporal y bochornos inexplicables
Diagnóstico: no basta con un solo análisis
El diagnóstico se realiza mediante la medición de testosterona total en sangre, idealmente en ayunas y entre las 7 y las 11 de la mañana (los niveles fluctúan durante el día, con un pico matutino). Se requieren al menos dos determinaciones separadas en el tiempo. Los valores normales varían según el laboratorio, pero generalmente se considera bajo un nivel inferior a 300 ng/dL (10.4 nmol/L).
En algunos casos también se mide la testosterona libre o biodisponible, la hormona luteinizante (LH), la prolactina y la SHBG (globulina transportadora de hormonas sexuales) para determinar si el problema es testicular (hipogonadismo primario) o hipofisario (secundario).
Tratamiento: antes que la testosterona, el estilo de vida
Antes de prescribir testosterona, se deben abordar las causas reversibles:
- Perder peso: la obesidad, especialmente la abdominal, suprime la producción de testosterona. Una reducción de solo el 10 % del peso corporal puede elevar significativamente los niveles
- Ejercicio físico: el entrenamiento de fuerza (pesas, calistenia) y el HIIT son potentes estimulantes de la testosterona endógena
- Sueño de calidad: dormir menos de 5 horas por noche reduce la testosterona hasta en un 15 %. La mayor parte de la producción ocurre durante el sueño profundo
- Reducir el alcohol: el consumo excesivo deprime la función testicular y hepática
- Control del estrés: el cortisol elevado de forma crónica inhibe la producción de testosterona
Si pese a las medidas de estilo de vida los niveles persisten bajos y los síntomas son significativos, el médico puede indicar terapia de reemplazo con testosterona (gel transdérmico, inyecciones intramusculares o parches). No es un tratamiento exento de riesgos: requiere monitorización periódica del hematocrito, el PSA, el perfil lipídico y la función hepática.
Precaución con los mitos y la automedicación
La testosterona no es un elixir de juventud ni debe usarse sin indicación médica. Los suplementos “naturales” que prometen elevar la testosterona carecen de evidencia sólida en la mayoría de los casos. El uso inadecuado puede causar infertilidad (por supresión de la producción testicular propia), apnea del sueño, aumento del hematocrito (sangre espesa con riesgo de trombosis) y estimulación de un cáncer de próstata no diagnosticado.
Si te sientes sin energía, has perdido fuerza o tu libido no es la de antes, no lo atribuyas automáticamente a los años. Un análisis de sangre y una conversación con tu médico pueden aclarar si tus niveles de testosterona son los adecuados para tu edad.